La gastritis es una condición médica caracterizada por la inflamación, irritación o erosión de la mucosa gástrica, el tejido que recubre el estómago. Esta afección puede presentarse de forma aguda, desarrollándose repentinamente, o de forma crónica, evolucionando lentamente a lo largo del tiempo, afectando significativamente la calidad de vida del paciente debido a la alteración de la digestión y la absorción de nutrientes.

La importancia clínica de la gastritis radica en su alta prevalencia en la población general y su papel como precursora de diversas complicaciones gastrointestinales, incluyendo la formación de úlceras pépticas y, en algunos casos, el cáncer gástrico. El diagnóstico y manejo adecuados son esenciales para prevenir la progresión de la enfermedad y restaurar la función normal del estómago.

Definición y concepto

La gastritis se define médicamente como una enfermedad del estómago que consiste fundamentalmente en la inflamación de la mucosa gástrica. Esta condición patológica afecta directamente al revestimiento interno del órgano digestivo, provocando una respuesta inflamatoria que puede variar en intensidad y duración según el agente etiológico subyacente. La comprensión de este concepto es esencial para el diagnóstico diferencial y el manejo clínico adecuado de los pacientes que presentan síntomas dispepsia o dolor epigástrico recurrente.

Clasificación clínica y morfológica

Desde una perspectiva morfológica y clínica, la gastritis se clasifica en dos grandes grupos dependiendo del aspecto que presente la mucosa durante la exploración endoscópica: gastritis erosivas y gastritis no erosivas. Esta distinción es crucial porque determina la presentación clínica, la probabilidad de sangrado y, en algunos casos, el enfoque terapéutico inicial. Las formas erosivas suelen presentar lesiones superficiales más evidentes, mientras que las no erosivas pueden pasar desapercibidas sin un examen histopatológico detallado.

Adicionalmente, la enfermedad se clasifica en función de su evolución temporal en gastritis agudas y gastritis crónicas. La gastritis aguda suele tener un inicio súbito y una duración limitada, a menudo asociada a factores irritantes inmediatos. Por otro lado, la gastritis crónica implica una inflamación persistente de la mucosa gástrica. En esta última categoría, es frecuente que exista algún grado de atrofia de la mucosa, lo que indica una pérdida progresiva de las células glandulares estomacales y puede tener implicaciones a largo plazo en la función digestiva y la absorción de nutrientes.

Factores etiológicos y desencadenantes

Las causas de la gastritis son muy variadas y pueden actuar de forma aislada o combinada. Entre los factores más significativos se encuentran la infección por Helicobacter pylori, considerada uno de los principales agentes infecciosos en la patogénesis de la enfermedad. Asimismo, el abuso en el consumo de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) constituye una causa frecuente, ya que estos fármacos pueden alterar la barrera protectora de la mucosa gástrica.

Los trastornos autoinmunes también juegan un papel importante en ciertos tipos de gastritis. Por ejemplo, en la gastritis atrófica puede haber presencia de autoanticuerpos específicos que atacan las células parietales o la proteína intrínseca. La enfermedad celíaca se menciona como otro trastorno autoinmune relacionado con la patogénesis o la comorbilidad en algunos casos de inflamación gástrica crónica.

Además de estos factores biológicos y farmacológicos, los malos hábitos alimentarios, el estrés psicológico o fisiológico, y la ingesta de alimentos a deshoras se identifican como desencadenantes o factores agravantes que pueden exacerbar la inflamación de la mucosa gástrica, contribuyendo al cuadro clínico del paciente.

¿Cuáles son las causas de la gastritis?

La etiología de la gastritis es multifactorial, abarcando desde agentes infecciosos hasta factores ambientales y sistémicos. Comprender las causas subyacentes es fundamental para el manejo clínico adecuado, ya que diferentes desencadenantes requieren enfoques terapéuticos distintos.

Agentes infecciosos y autoinmunidad

La infección por Helicobacter pylori se destaca como una de las causas más prevalentes de inflamación gástrica. Esta bacteria coloniza la mucosa, provocando una respuesta inflamatoria crónica que puede evolucionar hacia la atrofia. Paralelamente, los trastornos autoinmunes juegan un papel significativo en la patogénesis. En estos casos, el sistema inmunológico ataca las células propias del estómago. Se observa la presencia de autoanticuerpos contra las células parietales, lo que conduce a la gastritis atrófica. Asimismo, la enfermedad celíaca ha sido identificada como un factor asociado a la inflamación gástrica en el contexto de la autoinmunidad.

Factores farmacológicos y ambientales

El consumo excesivo de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como la aspirina y el piroxicam, ejerce un efecto directo sobre la mucosa gástrica. Estos fármacos pueden alterar la barrera protectora del estómago, facilitando la entrada de ácidos y enzimas digestivas. Además, los malos hábitos alimentarios constituyen un grupo de riesgo importante. La ingesta de alimentos a deshoras y el estrés psicológico o físico pueden exacerbar la inflamación. El reflujo biliar, donde la bilis regresa desde el intestino hacia el estómago, también irrita la mucosa. La edad avanzada es otro factor de riesgo, ya que la capacidad de renovación de la mucosa puede disminuir con el tiempo.

Categoría de causa Factores específicos
Infecciosa Helicobacter pylori
Autoinmune Autoanticuerpos contra células parietales, enfermedad celíaca
Farmacológica Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): aspirina, piroxicam
Ambiental y de estilo de vida Malos hábitos alimentarios, estrés, ingesta a deshoras
Otros factores Reflujo biliar, edad avanzada

Clasificación y tipos de gastritis

La clasificación de la gastritis se basa en criterios temporales y morfológicos. Según la VERDAD-BASE, las formas se dividen en agudas y crónicas. En la categoría crónica, puede presentarse un grado variable de atrofia de la mucosa. Asimismo, se establece una distinción entre gastritis erosivas y no erosivas, dependiendo del aspecto visual de la mucosa gástrica durante la exploración endoscópica.

Criterios de clasificación

La diferenciación entre formas agudas y crónicas permite orientar el pronóstico y el tratamiento. La presencia de atrofia es un hallazgo específico de la gastritis crónica, lo que indica un proceso de evolución prolongada. La clasificación en erosiva o no erosiva depende de la integuidad superficial de la mucosa observada mediante endoscopia.

Criterio Tipos Característica principal
Temporal Aguda Inicio reciente, inflamación activa
Temporal Crónica Evolución prolongada, posible atrofia
Morfológico Erosiva Defectos superficiales visibles
Morfológico No erosiva Mucosa con integridad superficial

Tipos específicos y etiología

La gastritis aguda erosiva es una forma común asociada a factores irritativos directos. La gastritis infecciosa incluye la infección por Helicobacter pylori, que es una causa principal identificada en la VERDAD-BASE. También se menciona H. heilmannii como agente infeccioso. La gastritis atrófica crónica se subdivide en tipos A, B y C, dependiendo de la distribución de la atrofia y los factores etiológicos.

Existen formas poco frecuentes de gastritis. La gastritis linfocítica y la eosinófila se caracterizan por la predominancia de ciertos glóbulos blancos en la histopatología. La forma flemonosa implica una inflamación aguda de la capa muscular. Otras asociaciones incluyen la enfermedad de Crohn y la sarcoidosis, que pueden afectar la mucosa gástrica como parte de un proceso sistémico.

La clasificación detallada permite correlacionar los hallazgos endoscópicos con los factores causales. El diagnóstico preciso requiere la exploración endoscópica y el examen histopatológico, como se indica en la VERDAD-BASE. Esto asegura que cada tipo se identifique correctamente para un manejo clínico adecuado.

Síntomas y manifestaciones clínicas

La presentación clínica de la gastritis es notablemente variable y depende en gran medida de la etiología subyacente, la localización de la inflamación y la duración del proceso patológico. En muchos casos, los pacientes pueden experimentar una serie de síntomas digestivos que a menudo se superponen con otras patologías gástricas, lo que puede complicar el diagnóstico inicial sin una evaluación adecuada.

Manifestaciones digestivas comunes

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la saciedad precoz y la pérdida de apetito. La saciedad precoz se refiere a la sensación de plenitud estomacal que ocurre después de haber consumido una cantidad pequeña de alimentos, lo que puede llevar a una reducción significativa en la ingesta calórica. La pérdida de apetito, por su parte, puede ser un signo de inflamación crónica de la mucosa gástrica, afectando directamente la calidad de vida del paciente y su estado nutricional general.

La pirosis, comúnmente conocida como ardor de estómago, es otro síntoma característico. Esta sensación de quemazón en la región epigástrica puede irradiarse hacia el pecho y a menudo se exacerba después de las comidas o en posición decúbito. El dolor epigástrico es también una queja habitual; puede presentarse como un dolor sordo, agudo o punzante, y su intensidad puede variar desde leve hasta severo, dependiendo de la gravedad de la inflamación de la mucosa gástrica.

Las náuseas y los vómitos son manifestaciones clínicas adicionales que pueden acompañar a la gastritis. Las náuseas pueden ser intermitentes o persistentes, mientras que los vómitos pueden contener alimentos no digeridos o, en casos más severos, sangre, lo que indica una posible hemorragia digestiva. Estos síntomas pueden afectar significativamente la hidratación y el equilibrio electrolítico del paciente.

Complicaciones y formas específicas

En la gastritis atrófica, particularmente cuando está asociada con trastornos autoinmunes, puede desarrollarse una anemia perniciosa. Esta condición surge debido a la falta de vitamina B12, esencial para la hematopoyesis. La deficiencia de esta vitamina se debe a la disminución de la producción de factor intrínseco en la mucosa gástrica, lo que afecta la absorción de la vitamina B12 en el intestino delgado. La anemia perniciosa puede manifestarse con fatiga, debilidad y palidez, entre otros síntomas neurológicos y hematológicos.

La gastritis erosiva puede presentar hemorragia digestiva como una complicación significativa. La erosión de la mucosa gástrica puede llevar a la exposición de los vasos sanguíneos subyacentes, resultando en sangrado que puede ser agudo o crónico. El sangrado agudo puede manifestarse con hematemesis (vómitos con sangre) o melena (heces negras y alquitranadas), mientras que el sangrado crónico puede llevar a una anemia ferropénica progresiva.

La gastritis flemonosa es una forma menos común pero particularmente severa de la enfermedad. Esta condición se caracteriza por una inflamación aguda y profunda de la mucosa gástrica, a menudo causada por una infección bacteriana que penetra más allá de la capa superficial de la mucosa. La gastritis flemonosa tiene una elevada mortalidad, que puede alcanzar hasta el 50% si no se trata adecuadamente. Esta alta tasa de mortalidad se debe a la rapidez con la que la inflamación puede progresar y a la posible aparición de complicaciones sistémicas, como la peritonitis o la sepsis.

Es fundamental reconocer que la gravedad de los síntomas no siempre correlaciona directamente con la extensión de la inflamación de la mucosa gástrica. Algunos pacientes pueden presentar síntomas leves a pesar de tener una inflamación significativa, mientras que otros pueden experimentar molestias intensas con cambios mínimos en la mucosa. Por lo tanto, el diagnóstico preciso mediante exploración endoscópica y examen histopatológico es esencial para determinar el tipo de gastritis y guiar el tratamiento adecuado.

¿Cómo se diagnostica la gastritis?

El diagnóstico preciso de la gastritis se obtiene mediante la exploración endoscópica del aparato digestivo superior, que permite una visualización directa de la mucosa gástrica. Este procedimiento es fundamental para evaluar el estado de la superficie interna del estómago y determinar la naturaleza de la inflamación. La endoscopia no solo confirma la presencia de la enfermedad, sino que también facilita la clasificación de la gastritis en función del aspecto visual de la mucosa, distinguiendo entre formas erosivas y no erosivas, así como entre presentaciones agudas y crónicas.

Clasificación basada en la exploración endoscópica

Dependiendo del aspecto de la mucosa observada durante la endoscopia, la gastritis se clasifica en dos categorías principales: gastritis erosivas y no erosivas. En las formas erosivas, la superficie de la mucosa presenta lesiones visibles que pueden variar en tamaño y profundidad, lo que puede correlacionarse con síntomas como el sangrado o el dolor epigástrico. Por otro lado, en las formas no erosivas, la inflamación puede ser más sutil a simple vista, requiriendo a menudo una evaluación más detallada para su identificación precisa.

Además de esta clasificación morfológica, la gastritis también se divide en agudas y crónicas. La gastritis aguda suele presentar cambios inflamatorios más intensos y de evolución rápida, mientras que la crónica implica un proceso inflamatorio de mayor duración. En la gastritis crónica, puede existir algún grado de atrofia de la mucosa gástrica, lo que indica una pérdida progresiva de las células glandulares del estómago, un hallazgo de importancia clínica significativa.

Examen histopatológico

Para complementar la evaluación endoscópica, se realiza un examen histopatológico de las muestras de tejido gástrico obtenidas durante la exploración. Este análisis microscópico es esencial para confirmar el diagnóstico y caracterizar el tipo de inflamación presente. El examen histopatológico muestra infiltración de leucocitos polimorfonucleares, que son células inmunitarias clave en la respuesta inflamatoria aguda. La presencia y la densidad de estos leucocitos ayudan a determinar la intensidad de la inflamación y a diferenciar entre las distintas formas de gastritis.

El análisis histopatológico también permite identificar otros cambios celulares, como la hiperplasia de las células de los cárdias, la metaplasia intestinal o la presencia de células en grano, que pueden ser indicativos de la evolución de la enfermedad. En casos de gastritis crónica, la detección de autoanticuerpos puede ser relevante, especialmente en trastornos autoinmunes como la gastritis atrófica, donde la presencia de autoanticuerpos es un marcador importante del proceso patológico subyacente.

La combinación de la exploración endoscópica y el examen histopatológico proporciona un diagnóstico integral de la gastritis, permitiendo una clasificación precisa y una comprensión detallada de la enfermedad. Este enfoque diagnóstico es fundamental para guiar el tratamiento adecuado y para evaluar la evolución de la condición a lo largo del tiempo, asegurando que los pacientes reciban la atención médica más apropiada para su situación específica.

Complicaciones y pronóstico

Las complicaciones de la gastritis varían significativamente según la etiología subyacente, la duración del proceso inflamatorio y la presencia de factores de riesgo específicos. Aunque la mayor parte de las gastritis, particularmente las formas agudas, mejoran rápidamente con la eliminación del agente causal o el tratamiento farmacológico adecuado, las formas crónicas pueden evolucionar hacia secuelas clínicas relevantes si no se gestionan correctamente.

Riesgo de cáncer gástrico y metaplasia intestinal

Una de las complicaciones más significativas de la gastritis crónica, especialmente en su variante atrófica, es el aumento del riesgo de cáncer gástrico. Este proceso patológico suele seguir una secuencia de cambios histológicos conocidos como secuencia de Correa. La inflamación persistente de la mucosa gástrica puede llevar a la atrofia glandular, donde las glándulas del estómago disminuyen de número y tamaño. En etapas posteriores, puede desarrollarse metaplasia intestinal, un proceso en el cual el epitelio gástrico se transforma para parecerse al epitelio intestinal, como mecanismo de adaptación al estrés crónico.

La presencia de metaplasia intestinal se considera un factor de riesgo importante para la aparición de adenocarcinoma gástrico. La infección por Helicobacter pylori es uno de los principales impulsores de esta secuencia, aunque los trastornos autoinmunes también juegan un papel crucial en la gastritis atrófica crónica. El monitoreo endoscópico regular y el examen histopatológico son fundamentales para detectar estos cambios precoces y estratificar el riesgo oncológico en pacientes con gastritis crónica prolongada.

Anemia perniciosa y trastornos autoinmunes

La gastritis atrófica, particularmente cuando está asociada a trastornos autoinmunes, puede conducir a la anemia perniciosa. Esta condición surge cuando la inflamación crónica afecta a las células parietales del estómago, responsables de la producción de ácido clorhídrico y del factor intrínseco. La disminución del factor intrínseco altera la absorción de la vitamina B12 en el intestino delgado, lo que resulta en una anemia megaloblástica.

Los pacientes con gastritis autoinmune pueden presentar autoanticuerpos específicos que atacan tanto a las células parietales como al factor intrínseco. La enfermedad celíaca también se menciona como un trastorno autoinmune asociado a la gastritis atrófica, lo que sugiere una conexión inmunológica más amplia que puede afectar la absorción de nutrientes. El reconocimiento temprano de la anemia perniciosa es esencial, ya que la suplementación con vitamina B12 puede revertir los síntomas neurológicos y hematológicos antes de que se vuelvan irreversibles.

Hemorragia digestiva

La hemorragia digestiva es una complicación frecuente de las gastritis erosivas. El abuso en el consumo de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) es una causa principal de esta forma de gastritis, ya que estos medicamentos reducen la producción de prostaglandinas, que protegen la mucosa gástrica. La erosión de la superficie mucosa puede exponer los vasos sanguíneos subyacentes, provocando sangrado agudo o crónico.

Los síntomas de la hemorragia digestiva pueden incluir hematemesis (vómito con sangre) o melena (heces negras y alquitranadas), dependiendo de la velocidad y la localización del sangrado. Los malos hábitos alimentarios, el estrés y la ingesta de alimentos a deshoras pueden exacerbar la inflamación y aumentar la susceptibilidad a las erosiones gástricas. El diagnóstico preciso mediante exploración endoscópica permite identificar el sitio exacto del sangrado y guiar el tratamiento, que puede incluir la administración de inhibidores de la bomba de protones o la intervención endoscópica directa.

Pronóstico general

El pronóstico de la gastritis depende en gran medida de su clasificación y causa subyacente. Las gastritis agudas suelen tener un curso breve y una recuperación completa una vez eliminado el factor desencadenante. En contraste, las gastritis crónicas pueden ser asintomáticas durante largos períodos, lo que a menudo retrasa el diagnóstico hasta que aparecen complicaciones o se detectan incidentalmente durante una exploración endoscópica.

Aunque muchas personas con gastritis crónica no experimentan síntomas significativos, la naturaleza silenciosa de la enfermedad requiere un seguimiento adecuado, especialmente en pacientes con factores de riesgo como la infección por Helicobacter pylori o antecedentes familiares de cáncer gástrico. La intervención temprana y el manejo continuo de los factores de riesgo pueden mejorar sustancialmente el pronóstico y reducir la progresión hacia complicaciones más graves.

Tratamiento y manejo médico

El tratamiento de la gastritis se fundamenta en la identificación precisa de la etiología subyacente, ya que la intervención varía significativamente según el origen de la inflamación de la mucosa gástrica. No existe un enfoque único; por el contrario, el manejo clínico busca eliminar el irritante primario y restaurar el equilibrio fisiológico del estómago. La estrategia terapéutica combina farmacología dirigida, ajustes en el estilo de vida y, en casos específicos, la corrección de déficits nutricionales.

Intervención farmacológica según la causa

Cuando la infección por Helicobacter pylori es el factor desencadenante, el tratamiento de elección implica un régimen antibiótico. Este enfoque busca erradicar la bacteria para prevenir la progresión de la inflamación y reducir el riesgo de complicaciones a largo plazo. La selección de los antibióticos específicos y la duración del tratamiento dependen de la sensibilidad de la cepa bacteriana y de la historia clínica del paciente.

Para el control de los síntomas ácidos y la protección de la mucosa, se utilizan diversos agentes farmacológicos. Los antiácidos ofrecen un alivio rápido al neutralizar el ácido gástrico existente. Los antagonistas del receptor H2 reducen la producción de ácido, mientras que los inhibidores de la bomba de protones, como el omeprazol, actúan bloqueando el último paso en la secreción ácida, permitiendo una mayor capacidad de cicatrización de la mucosa inflamada.

En los casos de gastritis asociada al consumo de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), una medida crítica es la suspensión o el ajuste de la dosis de estos medicamentos, siempre bajo supervisión médica para equilibrar el control del dolor y la salud gástrica. Esto ayuda a reducir la irritación química directa sobre la capa protectora del estómago.

Manejo de la gastritis autoinmune y déficits

En la gastritis atrófica de origen autoinmune, donde los autoanticuerpos atacan las células gástricas, puede desarrollarse una deficiencia significativa de vitamina B12 debido a la alteración en la absorción. En estos casos, la suplementación con vitamina B12 es esencial para prevenir o tratar la anemia perniciosa y mantener la función neurológica óptima. Este enfoque aborda las consecuencias sistémicas de la inflamación crónica y la atrofia glandular.

Recomendaciones dietéticas y estilo de vida

Los hábitos alimentarios juegan un papel complementario importante en el manejo de la gastritis. Se recomienda adoptar una dieta blanda que minimice la irritación mecánica y química de la mucosa. Esto implica evitar alimentos muy picantes, grasos o ácidos que puedan exacerbar los síntomas. La investigación publicada en la Gülhane Medical Journal sugiere el uso de yogur con probióticos como un coadyuvante beneficioso, aprovechando las propiedades antiinflamatorias y la capacidad de los microorganismos vivos para modular la flora intestinal y apoyar la recuperación de la barrera mucosa.

Además de la selección de alimentos, la regularidad en las comidas es fundamental. Evitar la ingesta de alimentos a deshoras y reducir el estrés, factores identificados como causantes o agravantes, contribuye a un mejor pronóstico. La combinación de estos ajustes dietéticos con el tratamiento farmacológico adecuado permite controlar la inflamación y mejorar la calidad de vida del paciente, abordando tanto los síntomas agudos como los factores crónicos de la enfermedad.

Ejercicios resueltos

Caso 1: Gastritis por uso de AINEs

Se presenta un paciente con dolor epigástrico recurrente y un historial de consumo crónico de aspirina. Basado en la información proporcionada, el abuso en el consumo de antiinflamatorios no esteroideos es una causa reconocida de gastritis. El diagnóstico preciso se obtiene mediante exploración endoscópica, que revela una mucosa gástrica inflamada. Dependiendo del aspecto de la mucosa, se clasifica en gastritis erosiva. El tratamiento implica la suspensión de los AINEs y el uso de omeprazol para reducir la acidez estomacal.

Caso 2: Gastritis crónica por Helicobacter pylori

Un paciente acude a consulta con síntomas de plenitud precoz y náuseas. La exploración endoscópica muestra una inflamación de la mucosa gástrica. El examen histopatológico confirma la presencia de la bacteria Helicobacter pylori. Esta infección es una de las causas más comunes de gastritis. Dado que la inflamación es persistente, se clasifica como gastritis crónica. En esta etapa, puede existir algún grado de atrofia de la mucosa. El tratamiento incluye una combinación de antibióticos para erradicar la bacteria y inhibidores de la bomba de protones.

Caso 3: Gastritis autoinmune

Se evalúa a un paciente con anemia perniciosa y síntomas digestivos leves. La exploración endoscópica y el examen histopatológico revelan una inflamación de la mucosa gástrica con presencia de autoanticuerpos. Esto indica una causa autoinmune, como en la gastritis atrófica. Esta condición se clasifica como gastritis crónica y puede estar asociada a otros trastornos autoinmunes, como la enfermedad celíaca. El tratamiento se enfoca en la suplementación de vitamina B12 y el manejo de los síntomas asociados.

Preguntas frecuentes

¿La gastritis es contagiosa?

La gastritis en sí misma no es necesariamente contagiosa, pero una de sus causas más comunes, la bacteria Helicobacter pylori, sí puede transmitirse de persona a persona a través de la vía fecal-oral o oral-oral, especialmente en entornos con hacinamiento o higiene variable.

¿Qué alimentos se deben evitar con gastritis?

Generalmente se recomienda evitar alimentos que irriten la mucosa gástrica, como los alimentos muy picantes, ácidos (cítricos, tomate), grasos, fritos, así como el café, el alcohol y las bebidas con gas, aunque la tolerancia puede variar según el individuo y la etapa de la enfermedad.

¿Cuánto tiempo tarda en curarse la gastritis?

La duración de la curación depende del tipo de gastritis. La gastritis aguda puede resolverse en unos pocos días o semanas con el tratamiento adecuado, mientras que la gastritis crónica puede requerir meses de manejo continuo y control para reducir la inflamación y prevenir recaídas.

¿Puede la gastritis desaparecer por sí sola?

En casos leves de gastritis aguda, la inflamación puede reducirse espontáneamente al eliminar el factor irritante (como el uso de antiinflamatorios no esteroicos o el consumo excesivo de alcohol), pero sin tratamiento, existe el riesgo de que la condición se vuelva crónica o genere complicaciones.

¿Es la gastritis lo mismo que la úlcera gástrica?

No son lo mismo, aunque están relacionadas. La gastritis es la inflamación de la capa interna del estómago, mientras que la úlcera gástrica es una lesión más profunda que penetra a través de la mucosa inflamada, creando una "herida" abierta en la pared del estómago.

Resumen

La gastritis es la inflamación de la mucosa gástrica, una condición común que puede ser aguda o crónica. Sus causas principales incluyen la infección por Helicobacter pylori, el uso prolongado de antiinflamatorios no esteroicos (AINEs), el consumo de alcohol y el estrés fisiológico. Los síntomas típicos abarcan dolor epigástrico, hinchazón, náuseas y sensación de saciedad temprana.

El diagnóstico se realiza mediante endoscopia digestiva alta, análisis de sangre y pruebas de aliento para detectar la bacteria. El tratamiento se centra en reducir la acidez gástrica con inhibidores de la bomba de protones, eliminar la causa subyacente y ajustar la dieta. Sin manejo adecuado, la gastritis puede evolucionar hacia úlceras, sangrado gástrico o anemia, destacando la importancia de la intervención médica temprana.

Referencias

  1. «gastritis» en Wikipedia en español
  2. Gastritis - National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases (NIDDK)
  3. Gastritis - World Health Organization (WHO)
  4. Gastritis - Mayo Clinic
  5. Gastritis - MedlinePlus (Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.)