Definición y concepto

El ontologismo se define como una doctrina filosófica que sitúa el término inmediato del conocimiento racional en el objeto, específicamente en la idea, y no en el espíritu humano. Esta posición teórica establece que el conocimiento no surge exclusivamente de la percepción sensorial o de la construcción mental subjetiva, sino que tiene como fundamento directo la presencia de ideas innatas en la mente. Según esta perspectiva, el entendimiento humano posee la capacidad, con diversos matices según los autores, de conocer adecuadamente la esencia divina. Tal idea de lo divino no es un producto derivado de la experiencia, sino que constituye la condición necesaria y previa para cualquier otro tipo de conocimiento humano.

Oposición al psicologismo

Una de las características centrales del ontologismo es su oposición marcada al psicologismo. Mientras que el psicologismo tiende a reducir las verdades lógicas y metafísicas a hechos psicológicos o a procesos internos de la conciencia individual, el ontologismo afirma que el objeto del conocimiento tiene una realidad propia e inmediata. El término fue empleado técnicamente por primera vez por Vincenzo Gioberti, quien utilizó esta distinción para destacar que el conocimiento no es meramente un acto subjetivo del sujeto pensante, sino que implica una relación directa con el objeto conocido. Esta oposición también se extiende al racionalismo cartesiano puro, diferenciándose al enfatizar la inmediatez del objeto en el acto cognoscitivo.

El Ser absoluto como fundamento

El ontologismo busca explicar el origen de las ideas mediante la intuición del Ser absoluto. Esta doctrina sostiene que el Ser absoluto es el objeto inmediato del conocimiento humano. La intuición de este Ser no requiere un proceso mediato de deducción compleja en todas sus etapas iniciales, sino que se presenta como la base sobre la cual se construye el resto del saber. Nicolás Malebranche es considerado el mayor impulsor de este movimiento, al haber desarrollado extensamente la noción de que vemos todas las cosas en Dios, lo que refuerza la idea de que la esencia divina es accesible a la mente humana como condición de posibilidad del conocimiento. Esta postura intenta resolver el problema del origen de las ideas innatas, situándolas no como residuos de experiencias pasadas, sino como manifestaciones directas de la realidad última.

¿Qué características definen el pensamiento ontologista?

El pensamiento ontologista se define por una serie de características fundamentales que distinguen su estructura epistemológica de otros sistemas filosóficos. En primer lugar, este movimiento establece un claro primado de lo inteligible sobre lo sensible. A diferencia de enfoques que sitúan la experiencia sensorial como el punto de partida absoluto del conocimiento, el ontologismo sostiene que la realidad más accesible y primaria para la mente humana es el Ser absoluto. Esta postura implica que el conocimiento no comienza con la percepción externa, sino con una intuición directa o inmediata de la esencia divina, la cual actúa como la condición necesaria para cualquier otro acto cognoscitivo.

La visión de Dios como objeto primario

Una característica central del sistema es la concepción de Dios no solo como el objeto supremo del conocimiento, sino como el objeto primario y fundante de toda la actividad intelectual. Según esta doctrina, el alma humana habita en una relación directa con la divinidad, de modo que todas las cosas se ven en Él. Esta visión descarta la idea de que el conocimiento sea un proceso puramente inductivo o derivado exclusivamente de la experiencia empírica. En cambio, se propone que la mente humana participa de la luz del Ser absoluto, lo que permite acceder a la verdad de manera inmediata. Esta relación entre el alma y Dios se presenta como el hábitat natural del conocimiento, donde la presencia de ideas innatas en la mente humana es esencial para comprender la realidad.

Oposición al racionalismo cartesiano

El ontologismo se caracteriza también por su rechazo explícito al cogito cartesiano como la verdad primaria condicionante. Mientras que el racionalismo de Descartes sitúa la conciencia del sujeto pensante como el fundamento indudable del saber, el movimiento ontologista, impulsado significativamente por Nicolás Malebranche, argumenta que la certeza del cogito es secundaria frente a la intuición del Ser. Esta oposición al psicologismo y al racionalismo puro implica que la verdad no reside únicamente en las estructuras internas de la mente individual, sino en la participación de la razón humana en la inteligencia divina. Así, el conocimiento adecuado de la esencia divina se convierte en el eje central que valida y da sentido a todo el resto del saber humano, estableciendo una jerarquía donde lo divino precede y fundamenta lo humano en el orden del entendimiento.

Clasificación teológica del ontologismo

La clasificación teológica del ontologismo representa un esfuerzo sistemático por delimitar los matices doctrinales de este movimiento filosófico. El cardenal Tommaso Maria Zigliara desarrolló una taxonomía fundamental que distingue tres especies principales de ontologismo, permitiendo diferenciar entre aquellas formas que tienden al panteísmo y aquellas que preservan la distinción entre el Creador y la criatura. Esta clasificación es esencial para comprender las críticas teológicas dirigidas contra la afirmación de que el Ser absoluto es el objeto inmediato del conocimiento humano.

Especies de ontologismo según el cardenal Zigliara Caracterización principal Implicación teológica
1) Visión de la esencia divina (Panteísta) Afirma que la mente humana ve directamente la esencia misma de Dios como objeto inmediato. Tendencia al panteísmo: la distinción entre Dios y el mundo se difumina, ya que la esencia divina se presenta como la sustancia misma del conocimiento.
2) Visión de Dios como Creador y Razones Eternas El conocimiento humano se fundamenta en la visión de Dios no en su esencia absoluta, sino en su relación como Creador y en las razones eternas. Precisa la distinción entre el Ser en sí y el Ser como fundamento creador, evitando la identificación directa con la esencia divina pura.
3) La forma de Antonio Rosmini Propone que la idea del Ser en general es la forma del entendimiento, actuando como condición de posibilidad para todo otro conocimiento. Busca una vía media: el Ser es el objeto inmediato, pero como idea innata y formal, sin afirmar una visión intelectual directa de la esencia divina en el estado actual.

La diferencia sutil pero crítica entre estas especies radica en la naturaleza de la "visión" de Dios. En la primera especie, la visión de la esencia divina implica una inmediatez que los críticos argumentan conduce al panteísmo, al no mantener una distinción clara entre el sujeto cognoscente y el objeto divino. Esta posición se opone directamente al psicologismo, pero al extremo de hacer de Dios la sustancia misma del acto cognitivo.

La segunda especie, al centrarse en la visión de Dios como Creador y en las razones eternas, introduce una mediación relacional. Aquí, el entendimiento humano conoce adecuadamente la esencia divina no por una fusión sustancial, sino a través de su función creadora y las verdades eternas que emanan de ella. Esta distinción es crucial para mantener la integridad teológica de la creación frente al Creador.

La tercera especie, asociada a Antonio Rosmini, ofrece una solución que intenta preservar la condición del Ser absoluto como objeto inmediato sin caer en el panteísmo directo. Al definir el Ser como una idea innata que es condición de cualquier otro conocimiento, Rosmini establece que el entendimiento humano posee una forma previa que permite el conocimiento, sin requerir una visión intelectual directa de la esencia divina en la vida presente. Esta posición se sitúa en tensión con el racionalismo cartesiano puro, al no depender exclusivamente de la deducción, pero manteniendo la necesidad de un fundamento ontológico previo. La clasificación de Zigliara permite así analizar cómo distintas corrientes del ontologismo intentan resolver la tensión entre la inmediatez del conocimiento del Ser y la trascendencia de la esencia divina.

Historia y desarrollo del movimiento

El desarrollo histórico del ontologismo se extiende a lo largo de la tradición filosófica occidental, presentando gérmenes tempranos que culminan en una definición técnica moderna. En la antigüedad, las ideas de Platón y el neoplatonismo sentaron las bases para comprender la relación entre el alma humana y las formas ideales, sugiriendo una conexión directa con lo absoluto. Posteriormente, durante el Renacimiento, figuras como Marsilio Ficino contribuyeron a revitalizar estas nociones, integrando elementos platónicos en el pensamiento de su época.

Precursores medievales y límites conceptuales

En la Edad Media, Agustín de Hipona y Buenaventura ejercieron una influencia significativa en la trayectoria del pensamiento ontologista. Sin embargo, según la definición técnica establecida posteriormente, estos autores no son considerados estrictamente ontologistas. Aunque sus obras presentan afinidades con la corriente, la clasificación precisa del movimiento requiere matices que diferencian sus aportaciones de la formulación sistemática que caracteriza al ontologismo como movimiento filosófico definido.

La consolidación en la época moderna

La figura decisiva en la consolidación del movimiento durante la época moderna es Nicolás Malebranche, reconocido como el mayor impulsor del ontologismo. Su pensamiento desarrolló la noción de que el entendimiento humano puede conocer adecuadamente la esencia divina, estableciendo esta idea como condición necesaria para cualquier otro conocimiento. Este enfoque se opone tanto al psicologismo como al racionalismo cartesiano puro, diferenciándose por su afirmación de la presencia de ideas innatas en la mente humana.

El término "ontologismo" fue empleado técnicamente por primera vez por Vincenzo Gioberti, quien lo utilizó para designar específicamente esta corriente filosófica. Su uso técnico permitió distinguir claramente las distintas formas del movimiento y sus implicaciones teológicas, consolidando el vocabulario necesario para analizar la oposición entre el conocimiento inmediato del Ser absoluto y otras corrientes epistemológicas.

El ontologismo en la Edad Moderna y el siglo XIX

El desarrollo del ontologismo en la Edad Moderna se consolidó a través de la influencia de Nicolás Malebranche, quien es considerado el mayor impulsor del movimiento. Su doctrina atrajo a seguidores destacados como L. Thomassin, B. Lamy y André Martin, quienes expandieron la tesis de que el Ser absoluto constituye el objeto inmediato del conocimiento humano. Esta corriente filosófica surgió como una reacción crítica frente al jansenismo y al sensismo predominantes en la época. Al oponerse al racionalismo cartesiano puro y al psicologismo, el ontologismo defendía la presencia de ideas innatas en la mente humana, estableciendo que el entendimiento puede conocer adecuadamente la esencia divina. Tal conocimiento de lo divino se presentaba como la condición necesaria para cualquier otro tipo de conocimiento humano.

El auge en el siglo XIX y las condenas teológicas

Durante el siglo XIX, el término «ontologismo» fue empleado técnicamente por primera vez por Vincenzo Gioberti, quien se erigió como el prototipo de esta corriente. Su trabajo revitalizó el debate filosófico al afirmar que la idea de Dios no es un mero producto de la abstracción humana, sino la luz misma en la que se ven todas las verdades. Este enfoque encontró eco en la escuela de Lovaina, donde pensadores como Ubaghs y Fabre D'Envieu desarrollaron variaciones de la teoría, integrando el ontologismo con la tradición escolástica y la teología católica contemporánea.

La expansión del movimiento provocó una intensa reacción institucional por parte de la Iglesia Católica. El Santo Oficio intervino para delimitar los límites de la doctrina ontologista, temiendo que la inmediatez del conocimiento de Dios pudiera reducir la necesidad de la revelación o la gracia. Como resultado, se emitieron condenas específicas en 1843 y nuevamente en 1861. Estas decisiones buscaban corregir lo que la jerarquía eclesiástica percibía como excesos racionalistas dentro del movimiento, asegurando que la afirmación de las ideas innatas no desdichara la distinción entre el conocimiento natural y el sobrenatural. Estas condenas marcaron un punto de inflexión en la recepción académica del ontologismo, obligando a sus defensores a matizar sus posiciones para mantener la ortodoxia teológica.

¿Cómo se relaciona el ontologismo con otras corrientes filosóficas?

El ontologismo mantiene una relación compleja con el cartesianismo, ya que surge en su seno pero se define como una corriente antirracionalista. Aunque comparte con René Descartes la búsqueda de una certeza fundacional, el ontologismo se opone al racionalismo cartesiano puro al afirmar que el Ser absoluto es el objeto inmediato del conocimiento humano, en lugar de depender exclusivamente de la deducción lógica subjetiva. Esta posición también lo sitúa en oposición directa al psicologismo, que reduce el conocimiento a procesos mentales individuales, al postular la presencia de ideas innatas y la capacidad del entendimiento para conocer adecuadamente la esencia divina como condición de cualquier otro saber.

Adscripción histórica y figuras clave

La clasificación de figuras históricas dentro del movimiento ha generado debates significativos. Nicolás Malebranche es considerado el mayor impulsor del movimiento, estableciendo las bases de la percepción de todas las cosas en Dios. Sin embargo, la adscripción de pensadores anteriores como Anselmo de Canterbury y Eunomio, así como de filósofos árabes, varía según los criterios teológicos y filosóficos aplicados. Estas figuras son a menudo incluidas o excluidas del canon ontologista dependiendo de cómo se interprete su concepción de la relación entre el alma humana y el Ser divino.

El debate sobre Rosmini y Gratry

La clasificación de Antonio Rosmini y Alain-Michel Gratry como ontologistas ha sido objeto de discusión académica sostenida. Sus propuestas teológicas y filosóficas presentan matices que no encajan perfectamente en la definición técnica establecida por Vincenzo Gioberti, quien empleó el término por primera vez con rigor conceptual. La naturaleza de su ontologismo se cuestiona al analizar si su enfoque sobre las ideas innatas y el conocimiento de la esencia divina se alinea completamente con la postura de que tal idea es condición necesaria para todo otro conocimiento, o si introduce modificaciones sustanciales que los sitúan en una categoría intermedia.

Legado en la filosofía contemporánea

El ontologismo crítico de P. Carabellense

Dentro de las corrientes filosóficas posteriores, destaca la figura de P. Carabellense, quien desarrolló una variante conocida como ontologismo crítico. Esta propuesta busca equilibrar la afirmación de la presencia del Ser absoluto en el conocimiento humano con un análisis más riguroso de los límites y condiciones del entendimiento. Carabellense intenta superar las dicotomías tradicionales al integrar elementos críticos que matizan la relación directa entre la mente y el Ser divino. Su enfoque representa un intento de actualizar las tesis ontologistas frente a los desafíos epistemológicos modernos, manteniendo la centralidad de la idea de Dios como fundamento del conocimiento, pero sometida a un examen crítico de su inmediatez y alcance.

La Filosofía del Espíritu: Lavelle y Le Senne

Paralelamente, la corriente conocida como 'Philosophie de l'Esprit', representada por filósofos como Étienne Gilson (aunque aquí se mencionan específicamente Lavelle y Le Senne según los datos proporcionados), ofrece una visión del Ser que integra dimensiones inmanentes y trascendentes. Esta perspectiva filosófica considera que el Espíritu humano participa del Ser de una manera que no es ni puramente inmanente ni exclusivamente trascendente, sino que abarca ambas dimensiones. La visión del Ser como simultáneamente inmanente y trascendente permite una comprensión más rica de la experiencia humana y su relación con la realidad última. Este enfoque contribuye al diálogo entre la fenomenología y la metafísica tradicional, ofreciendo herramientas para analizar la conciencia y su apertura al mundo.

Matices ontologistas en el existencialismo

En el ámbito del existencialismo cristiano, figuras como Gabriel Marcel muestran ciertos matices ontologistas en su pensamiento. Marcel explora la relación entre el ser y la existencia, destacando la importancia de la presencia y el misterio en la experiencia humana. Sin embargo, es crucial aclarar las limitaciones de clasificar a Marcel o a Søren Kierkegaard como ontologistas en sentido estricto. Aunque sus obras contienen elementos que resuenan con las tesis ontologistas, como la atención a la dimensión trascendente de la existencia, sus enfoques metodológicos y sus conclusiones finales difieren significativamente. Kierkegaard, por su parte, se centra en la subjetividad y la fe como salto, lo que lo distancia de la pretensión de conocimiento inmediato del Ser absoluto característico del ontologismo clásico. Estas distinciones son esenciales para comprender la complejidad de las relaciones entre diferentes corrientes filosóficas contemporáneas.

Referencias

  1. «ontologismo» en Wikipedia en español
  2. Ontologism — Stanford Encyclopedia of Philosophy
  3. Ontologism — Internet Encyclopedia of Philosophy
  4. Ontologismo — Diccionario de Filosofía de la UNED
  5. Ontologism — Oxford Reference (Oxford University Press)