El peritoneo es una membrana serosa de doble capa que reviste la cavidad abdominal y pélvica, desempeñando un papel fundamental en la fijación, nutrición y protección de los órganos internos. Esta estructura anatómica se divide en dos componentes principales: el peritoneo parietal, que tapiza las paredes abdominales, y el peritoneo visceral, que envuelve directamente las vísceras, creando así un espacio potencial conocido como cavidad peritoneal.

La comprensión detallada del peritoneo es esencial en diversas disciplinas médicas, desde la cirugía general hasta la gastroenterología, ya que su integridad influye en la dinámica de los órganos abdominales y en la respuesta inflamatoria del cuerpo. Además, su capacidad para actuar como una superficie de intercambio lo convierte en un elemento clave en tratamientos clínicos como la diálisis peritoneal, demostrando su relevancia tanto anatómica como funcional en la salud humana.

Definición y concepto

El peritoneo se define como una membrana serosa que reviste el interior de la cavidad abdominal humana. Esta estructura anatómica constituye un componente fundamental del sistema digestivo y de la organización espacial de los órganos abdominales. Según la descripción anatómica establecida, el peritoneo no es una lámina única, sino que se estructura en dos capas distintas que cumplen funciones complementarias en el mantenimiento de la homeostasis abdominal y el movimiento orgánico.

Clasificación anatómica de las capas

La arquitectura del peritoneo se divide en dos componentes principales: el peritoneo parietal y el peritoneo visceral. El peritoneo parietal corresponde a la capa exterior, la cual está firmemente adherida a la pared de la cavidad abdominal. Esta capa forma el revestimiento interno de la pared abdominal, proporcionando una barrera continua que separa el contenido abdominal del resto de las estructuras corporales circundantes.

Por otro lado, el peritoneo visceral constituye la capa interna. Esta capa envuelve directamente los órganos abdominales, incluyendo el intestino delgado y otras estructuras viscerales situadas dentro de la cavidad. La distinción entre estas dos capas es esencial para comprender la fisiología abdominal, ya que cada una posee características histológicas y funcionales específicas que permiten el correcto funcionamiento de los órganos internos.

Cavidad peritoneal y fluido lubricante

El espacio que se encuentra entre el peritoneo parietal y el peritoneo visceral se denomina cavidad peritoneal. Esta cavidad no está completamente vacía; contiene una pequeña cantidad de fluido lubricante. La presencia de este fluido es crucial para la mecánica abdominal, ya que permite que ambas capas se deslicen entre sí con relativa facilidad durante los movimientos respiratorios y la peristalsis intestinal.

El volumen de este fluido lubricante es aproximadamente de 50 ml. Aunque esta cantidad parece modesta, su función es vital para reducir la fricción entre las superficies peritoneales. La superficie total del peritoneo es de alrededor de 1.7 m², lo que lo convierte en una de las membranas serosas más extensas del cuerpo humano. Esta gran superficie no solo facilita el deslizamiento, sino que también ofrece un área significativa para procesos fisiológicos como la absorción y la filtración.

Implicaciones fisiológicas

La estructura del peritoneo tiene implicaciones directas en diversas funciones fisiológicas. La extensa superficie de 1.7 m² y la naturaleza semipermeable de la membrana hacen del peritoneo un sitio ideal para procesos de intercambio de sustancias. Un ejemplo clínico relevante es la diálisis peritoneal, que utiliza esta superficie como una membrana semipermeable para filtrar la sangre y eliminar desechos metabólicos cuando la función renal disminuye.

La comprensión detallada del peritoneo, su división en capas parietal y visceral, y las características de su cavidad y fluido, es esencial para el estudio de la anatomía humana y la fisiopatología abdominal. Esta membrana no solo protege los órganos, sino que también participa activamente en la dinámica funcional del abdomen.

Estructura anatómica del peritoneo

El peritoneo constituye la membrana serosa que reviste el interior de la cavidad abdominal, estructurándose fundamentalmente en dos capas anatómicas distintas: el peritoneo parietal y el peritoneo visceral. Esta organización dual es esencial para la fisiología abdominal, permitiendo el movimiento coordinado de los órganos internos y facilitando procesos clínicos como la diálisis peritoneal.

Capas del peritoneo

Por su parte, el peritoneo visceral constituye la capa interna, envolviendo estructuras clave como el intestino delgado y otros órganos abdominales. La distinción entre ambas capas no es meramente morfológica, sino funcional, ya que determina la inervación y la respuesta inflamatoria en las patologías abdominales.

Característica Peritoneo Parietal Peritoneo Visceral
Ubicación Adherido a la pared de la cavidad abdominal Envuelve el intestino delgado y otros órganos
Función principal Soporte estructural y delimitación Recubrimiento orgánico y movilidad
Relación con la cavidad Forma el límite externo Proyecta hacia el espacio interno

Cavidad peritoneal y transcavidad

Este espacio contiene una pequeña cantidad de fluido lubricante, aproximadamente 50 ml, que permite a ambas capas deslizarse entre sí con mínima fricción durante los movimientos respiratorios y digestivos. La superficie total del peritoneo alcanza alrededor de 1.7 m², lo que lo convierte en una membrana semipermeable eficiente, propiedad aprovechada clínicamente en la diálisis peritoneal.

La cavidad peritoneal presenta una compleja organización espacial que incluye la división en cavidad principal y transcavidad de los epiplones. Esta arquitectura anatómica permite la comunicación entre diferentes compartimentos abdominales y facilita la propagación de fluidos o patologías. El hiato de Winslow representa una vía de comunicación clave dentro de esta estructura, permitiendo el intercambio entre las distintas regiones de la cavidad peritoneal.

La comprensión detallada de estas divisiones anatómicas es fundamental para el abordaje quirúrgico y el diagnóstico de patologías peritoneales, ya que determina la distribución del fluido peritoneal y la propagación de procesos inflamatorios o neoplásicos a través de la superficie peritoneal.

¿Cómo se clasifican los órganos abdominales según su relación con el peritoneo?

La relación anatómica entre los órganos abdominales y el peritoneo establece una clasificación fundamental para comprender la topografía abdominal y la fisiopatología de la cavidad. Los órganos se categorizan según su grado de envoltura por la capa interna, conocida como peritoneo visceral, que envuelve el intestino delgado y otros órganos del abdomen, y su posición respecto a la capa exterior o peritoneo parietal, adherida a la pared de la cavidad abdominal.

Órganos intraperitoneales

Los órganos intraperitoneales son aquellos que están casi completamente rodeados por el peritoneo visceral. Esta disposición permite una mayor movilidad dentro de la cavidad, facilitada por la presencia del espacio entre ambas capas, denominado cavidad peritoneal. Este espacio contiene una pequeña cantidad de fluido lubricante que permite a ambas capas deslizarse entre sí, reduciendo la fricción durante el movimiento de los órganos. El intestino delgado es un ejemplo prototípico de órgano intraperitoneal, envuelto por el peritoneo visceral que lo conecta a las paredes abdominales mediante mesenterios.

Órganos extraperitoneales

Los órganos extraperitoneales presentan una relación distinta con la membrana serosa que reviste el interior de la cavidad abdominal. Estos órganos no están completamente envueltos por el peritoneo y se sitúan fuera de la cavidad peritoneal principal o en sus bordes. Se subdividen en retroperitoneales y subperitoneales, dependiendo de su posición relativa a las capas peritoneales.

Los órganos retroperitoneales se encuentran detrás del peritoneo parietal. El riñón es un ejemplo destacado de órgano retroperitoneal, situado en la pared posterior de la cavidad abdominal, donde solo su superficie anterior está cubierta por el peritoneo. Esta posición fija limita su movilidad en comparación con los órganos intraperitoneales.

Los órganos subperitoneales, también llamados infraperitoneales, se ubican debajo del peritoneo. La vejiga es un ejemplo de órgano subperitoneal, situada en la pelvis menor, donde su posición puede variar según su grado de llenado, pero mantiene una relación constante con el peritoneo que la cubre parcialmente en su superficie superior.

Tipo de órgano Relación con el peritoneo Ejemplo
Intraperitoneal Completamente envuelto por peritoneo visceral Intestino delgado
Retroperitoneal Situado detrás del peritoneo parietal Riñón
Subperitoneal Situado debajo del peritoneo Vejiga

Repliegues peritoneales: mesos, epiplones y ligamentos

El peritoneo presenta una compleja organización estructural mediante repliegues que conectan el peritoneo parietal con el peritoneo visceral, asegurando la fijación anatómica y el tránsito vascular de los órganos abdominales. Estos pliegues, conocidos colectivamente como mesos, epiplones y ligamentos, son extensiones dobles de la membrana serosa que proyectan hacia la cavidad peritoneal, creando espacios anatómicos definidos y facilitando la movilidad relativa de las vísceras. La comprensión de estas estructuras es fundamental para la cirugía abdominal y la interpretación de la topografía interna, ya que constituyen las vías principales por donde discurren los vasos sanguíneos, nervios y conductos linfáticos que nutren y regulan los órganos envueltos.

Mesenterios y su función de soporte

Los mesenterios son los repliegues más extensos y funcionales del peritoneo visceral. El mesenterio propiamente dicho, o mesointestino, une la cara posterior del intestino delgado con la pared abdominal posterior, permitiendo una considerable movilidad del intestino mientras mantiene su suministro vascular. De manera similar, el mesogastrio fija el estómago, el mesoduodeno ancla el duodeno y el mesocolon sostiene las porciones del colon. El mesocolon se divide anatómicamente en tres porciones principales: el mesocolon transversal, el mesocolon ascendente y el mesocolon descendente, cada uno adaptado a la posición específica del segmento colónico que soporta. Estas estructuras no solo actúan como soportes mecánicos, sino que también forman la ruta principal para los vasos mesentéricos que irrigan el tracto gastrointestinal.

Epiplones y ligamentos peritoneales

Los epiplones representan otras formaciones importantes del peritoneo. El epiplón mayor es un repliegue grueso y graso que cuelga del borde mayor del estómago, extendiéndose hacia abajo para cubrir los intestinos, actuando como una barrera protectora y un reservorio de tejido adiposo. El epiplón menor conecta el borde menor del estómago y el duodeno inicial con el hígado y el lóbulo caudado, formando parte del espacio llamado bolsa omental. Además, existen ligamentos peritoneales específicos, como el ligamento falciforme, que une el hígado con el diafragma y la pared abdominal anterior, ayudando a mantener la posición del hígado dentro de la cavidad. Estos ligamentos y epiplones contribuyen a la división de la cavidad peritoneal en compartimentos funcionales, optimizando el espacio y la protección de los órganos internos.

La integridad de estos repliegues es esencial para la función fisiológica normal, ya que cualquier alteración en su estructura puede afectar la movilidad intestinal, el drenaje linfático y la irrigación sanguínea. En la práctica clínica, el conocimiento detallado de los mesos, epiplones y ligamentos permite a los cirujanos navegar eficientemente por la cavidad abdominal, minimizando el trauma tisular y asegurando la preservación de las vías vasculares críticas durante los procedimientos quirúrgicos.

Fondos de saco peritoneales

Los fondos de saco peritoneales representan las depresiones anatómicas más profundas de la cavidad peritoneal, formadas por el pliegue de la membrana serosa al rodear los órganos abdominales y pélvicos. Estas estructuras son clínicamente significativas debido a la gravedad, que tiende a acumular líquido libre, pus o sangre en estas zonas bajas, facilitando su diagnóstico mediante imagen o exploración física. La configuración específica de estos fondos de saco varía según el sexo del individuo, dependiendo principalmente de la relación espacial entre el recto, la vejiga y el útero.

Fondo de saco de Douglas

El fondo de saco de Douglas, también conocido como espacio rectouterino, es la depresión más profunda de la cavidad peritoneal en la mujer. Se localiza anatómicamente entre el fondo del útero y la cara posterior del recto superior. Esta ubicación estratégica lo convierte en un punto clave para la acumulación de fluidos en la pelvis femenina. Debido a su posición inferior, el líquido libre en la cavidad peritoneal tiende a gravitar hacia este espacio, lo que permite su detección mediante la exploración del fórnix posterior de la vagina o mediante técnicas de imagen como la ecografía transvaginal o la tomografía computarizada.

Fondo de saco útero-vesical

En la mujer, además del fondo de saco de Douglas, existe el fondo de saco útero-vesical. Esta depresión se sitúa entre la cara anterior del cuerpo del útero y la cara posterior de la vejiga urinaria. Aunque es menos profundo que el espacio rectouterino, constituye una parte importante de la topografía peritoneal pélvica. Su conocimiento es relevante en cirugía ginecológica y urológica, donde la relación entre el útero y la vejiga puede verse alterada por patología o intervención quirúrgica.

Fondo de saco vésico-rectal

En el hombre, la ausencia del útero modifica la configuración de los fondos de saco pélvicos. Se forma el fondo de saco vésico-rectal, una depresión situada entre la cara posterior de la vejiga urinaria y la cara anterior del recto. Este espacio representa la zona más baja de la cavidad peritoneal en el sexo masculino. Al igual que en la mujer, la gravedad favorece la acumulación de exudados inflamatorios o hemorrágicos en esta región, lo que puede tener implicaciones diagnósticas y terapéuticas en la patología abdominal y pélvica masculina.

Funciones fisiológicas del peritoneo

El peritoneo cumple múltiples funciones fisiológicas esenciales para el mantenimiento de la homeostasis abdominal y la eficiencia mecánica de los órganos internos. Su arquitectura dual, compuesta por el peritoneo parietal y el peritoneo visceral, no es estática, sino un sistema dinámico que facilita el movimiento, el intercambio de sustancias y la defensa inmunológica. La comprensión de estas funciones es fundamental en disciplinas como la gastroenterología, la cirugía abdominal y la nefrología.

Soporte mecánico y movilidad orgánica

Una de las funciones primordiales del peritoneo es proporcionar soporte estructural a los órganos abdominales, evitando su colapso gravitacional y manteniendo su posición relativa. El peritoneo visceral, al envolver estructuras como el intestino delgado, permite que estos órganos se deslicen suavemente unos sobre otros durante la peristalsis y la respiración. Este mecanismo de deslizamiento se ve favorecido por la presencia de una pequeña cantidad de fluido lubricante contenido en la cavidad peritoneal, que reduce la fricción entre las dos capas de la membrana serosa. Sin este lubricante, el movimiento constante de los órganos generaría inflamación y dolor, condiciones que a menudo se observan en patologías como la peritonitis.

Vía vascular y nutrición

El peritoneo no solo envuelve los órganos, sino que también sirve como vía de paso para las principales estructuras vasculares y nerviosas que los abastecen. Por ejemplo, la arteria mesentérica superior y otras estructuras vasculares atraviesan los pliegues peritoneales, como el mesenterio, para llegar al intestino delgado y otros órganos. Esta disposición anatómica permite que la sangre fluya eficientemente hacia y desde los órganos abdominales, facilitando la absorción de nutrientes y la eliminación de desechos. La integridad del peritoneo es, por tanto, crucial para mantener la circulación sanguínea adecuada en la región abdominal.

Protección inmunológica y aislamiento térmico

El peritoneo también desempeña un papel importante en la defensa inmunológica del abdomen. La membrana serosa contiene células inmunitarias, como los macrófagos y los linfocitos, que ayudan a identificar y eliminar patógenos que ingresan a la cavidad peritoneal. Además, el fluido peritoneal actúa como una barrera física que limita la propagación de infecciones y desechos metabólicos. En cuanto al aislamiento térmico, la capa de grasa subyacente al peritoneo parietal ayuda a mantener la temperatura óptima de los órganos abdominales, protegiéndolos de las fluctuaciones externas y del calor generado por la actividad metabólica interna.

Función de membrana semipermeable y superficie de intercambio

La superficie total del peritoneo es de alrededor de 1.7 m², lo que lo convierte en una extensa área de intercambio ideal para diversas funciones fisiológicas. Esta amplia superficie permite que el peritoneo actúe como una membrana semipermeable, facilitando el paso selectivo de moléculas, iones y fluidos entre la sangre y la cavidad peritoneal. Esta característica es aprovechada clínicamente en la diálisis peritoneal, un tratamiento común para pacientes con enfermedad renal crónica. En este procedimiento, la superficie peritoneal se utiliza para filtrar los desechos metabólicos y el exceso de fluido del cuerpo, aprovechando la capacidad del peritoneo para actuar como una barrera selectiva. La eficiencia de la diálisis peritoneal depende directamente de la integridad y la capacidad de intercambio de esta membrana, lo que resalta su importancia tanto en la fisiología normal como en la patología.

Patologías y enfermedades del peritoneo

El peritoneo, al ser una membrana serosa que reviste la cavidad abdominal, está sujeto a diversas condiciones patológicas que afectan su integridad, su capacidad de filtración y su relación con los órganos internos. La comprensión de estas patologías es fundamental en la clínica médica, ya que el peritoneo no solo actúa como barrera protectora, sino que también participa activamente en procesos inflamatorios, oncológicos y de intercambio fluido. Las enfermedades del peritoneo pueden clasificarse según su etiología, que incluye factores mecánicos, infecciosos, metabólicos y ambientales, cada uno con implicaciones clínicas distintivas.

Acumulación de fluidos y gases

La cavidad peritoneal, que normalmente contiene aproximadamente 50 ml de fluido lubricante para permitir el deslizamiento entre el peritoneo parietal y el peritoneo visceral, puede experimentar alteraciones en su contenido. La ascitis se define como la acumulación patológica de líquido en esta cavidad, lo que puede deberse a diversas causas como la hipoalbuminemia, la hipertensión portal o la inflamación crónica. Este exceso de fluido puede comprimir los órganos abdominales y afectar la función respiratoria y digestiva.

El neumoperitoneo es la presencia anormal de gas o aire dentro de la cavidad peritoneal. Esta condición suele ser un signo clínico importante de perforación de un órgano hueco, como el estómago o el intestino delgado, permitiendo que el aire intraluminal escape hacia el espacio peritoneal. El diagnóstico a menudo se realiza mediante imagenología, donde el aire se visualiza bajo el diafragma. Por otro lado, el hemoperitoneo hace referencia a la acumulación de sangre en la cavidad peritoneal, lo que puede resultar de traumatismos abdominales, rotura de órganos sólidos o sangrado vascular, requiriendo a menudo una intervención quirúrgica rápida para controlar la hemostasia.

Procesos inflamatorios e infecciosos

La peritonitis es la inflamación del peritoneo, una condición que puede ser aguda o crónica y que representa una emergencia médica en muchos casos. La peritonitis aguda suele ser causada por la perforación de un órgano abdominal, lo que libera contenido bacteriano o enzimático en la cavidad peritoneal, desencadenando una respuesta inflamatoria sistémica. La infección puede originarse en el intestino delgado, el ciego o el apéndice, y si no se trata adecuadamente, puede llevar a la sepsis y a la formación de adherencias fibrosas.

La peritonitis esclerosante encapsulante es una forma rara pero severa de peritonitis crónica, caracterizada por el engrosamiento y la fibrosis del peritoneo, lo que lleva a la formación de una "capa" que envuelve los órganos abdominales. Esta condición puede estar asociada con la diálisis peritoneal a largo plazo, donde la superficie del peritoneo, utilizada como membrana semipermeable, sufre cambios estructurales debido a la exposición continua a soluciones de diálisis y a factores inflamatorios. La peritonitis esclerosante puede comprometer la función intestinal y requerir intervención quirúrgica para liberar los órganos atrapados.

Patologías oncológicas

El cáncer de peritoneo puede presentarse de dos formas principales: el mesotelioma peritoneal y la carcinomatosis peritoneal. El mesotelioma es un tumor que surge de las células mesoteliales que revisten el peritoneo, y está fuertemente asociado con la exposición al asbesto, aunque esta relación es más común en el mesotelioma pleural, también afecta al peritoneo. El asbesto, al ser inhalado o ingerido, puede migrar hacia la cavidad abdominal, donde las fibras inducen inflamación crónica y transformación celular.

La carcinomatosis peritoneal, por otro lado, se refiere a la diseminación de células cancerosas en la superficie del peritoneo, a menudo como resultado de la metástasis de tumores primarios en órganos abdominales como el ovario, el estómago o el colon. En estos casos, el peritoneo actúa como un campo de cultivo para las células tumorales, que se adhieren a la superficie visceral y parietal, formando nódulos que pueden obstruir el intestino y afectar la absorción de nutrientes. El tratamiento de estas condiciones oncológicas a menudo implica una combinación de cirugía, quimioterapia y, en algunos casos, la utilización de la propia superficie peritoneal para la administración de fármacos, aprovechando su extensión de alrededor de 1.7 m² para maximizar la exposición del tumor al agente terapéutico.

La diálisis peritoneal como aplicación clínica

La diálisis peritoneal representa una aplicación clínica fundamental que aprovecha las propiedades fisiológicas intrínsecas del peritoneo humano. Este procedimiento terapéutico se fundamenta en la capacidad del tejido peritoneal para actuar como una membrana semipermeable, facilitando el intercambio de solutos y líquidos entre la sangre y el espacio abdominal. La eficacia de este método depende directamente de la extensa superficie de contacto disponible, la cual alcanza aproximadamente 1.7 m², permitiendo una filtración eficiente de los desechos metabólicos acumulados en el organismo.

Mecanismo de acción y preparación del espacio

El proceso inicia con la introducción de una solución especial de diálisis a través de un catéter insertado en la cavidad abdominal. Esta solución, compuesta principalmente de glucosa y electrólitos, crea un gradiente de concentración que impulsa el movimiento de sustancias a través de las dos capas del peritoneo: la capa exterior o peritoneo parietal, adherida a la pared abdominal, y la capa interna o peritoneo visceral, que envuelve órganos como el intestino delgado. El espacio entre estas capas, conocido como cavidad peritoneal, contiene normalmente alrededor de 50 ml de fluido lubricante, cantidad que aumenta significativamente durante el tratamiento para optimizar el intercambio.

Intercambio de desechos y expulsión

Durante la estancia de la solución en la cavidad, los desechos metabólicos y el exceso de líquido pasan de los capilares sanguíneos hacia la solución de diálisis mediante procesos de difusión y ósmosis. La membrana peritoneal permite que las moléculas más pequeñas, como la urea y la creatinina, así como ciertos electrólitos, crucen la barrera tisular, mientras que proteínas más grandes permanecen en la sangre. Este mecanismo de filtración aprovecha la naturaleza serosa de la membrana, que reviste el interior de la cavidad abdominal, asegurando un contacto íntimo entre la solución y los órganos internos.

Una vez completado el ciclo de intercambio, la solución cargada de desechos se expulsa a través del mismo catéter, completando así una sesión de diálisis. La eficiencia del procedimiento se mide por la capacidad del peritoneo para mantener su función de membrana semipermeable a lo largo del tiempo, lo que requiere una evaluación continua de la superficie disponible y la integridad de las capas peritoneales. Este enfoque terapéutico ofrece una alternativa viable a la hemodiálisis, aprovechando la anatomía natural del abdomen para mantener el equilibrio homeostático del paciente.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre el peritoneo parietal y el visceral?

El peritoneo parietal reviste las paredes internas de la cavidad abdominal y es sensible al dolor localizado, mientras que el peritoneo visceral cubre los órganos abdominales y su dolor suele ser más difuso debido a la inervación autonómica.

¿Qué son los órganos intraperitoneales?

Los órganos intraperitoneales son aquellos casi completamente envueltos por el peritoneo visceral, lo que les otorga mayor movilidad dentro de la cavidad abdominal, como ocurre con el estómago, el hígado y el intestino delgado.

¿Qué función cumple la cavidad peritoneal?

La cavidad peritoneal es un espacio potencial entre las dos capas del peritoneo que contiene una pequeña cantidad de líquido seroso, el cual reduce la fricción entre los órganos durante su movimiento y facilita el intercambio de nutrientes y desechos.

¿Qué es la diálisis peritoneal?

La diálisis peritoneal es un tratamiento de sustitución renal que utiliza la membrana del peritoneo como filtro natural para eliminar el exceso de líquido, electrolitos y desechos de la sangre cuando los riñones pierden su capacidad de filtrado eficiente.

¿Qué es la peritonitis?

La peritonitis es la inflamación del peritoneo, generalmente causada por una infección bacteriana o floculación química, que puede presentarse como una urgencia clínica que requiere intervención médica rápida para evitar complicaciones sistémicas.

Resumen

El peritoneo es una estructura anatómica compleja que consiste en una membrana serosa de doble capa que reviste y protege los órganos abdominales. Su clasificación en peritoneo parietal y visceral permite comprender la organización espacial de las vísceras, distinguiendo entre órganos intraperitoneales, retroperitoneales y supramesocólicos. Los repliegues peritoneales, como los mesos y epiplones, son fundamentales para la fijación y el suministro vascular de los órganos, mientras que los fondos de saco representan puntos bajos de la cavidad donde se acumulan líquidos y exudados.

Además de su función mecánica de reducir la fricción, el peritoneo participa activamente en procesos fisiológicos como la inmunidad local y la absorción de fluidos. En el ámbito clínico, su estudio es crucial para el diagnóstico y tratamiento de patologías como la peritonitis y la ascitis, así como para la aplicación de terapias como la diálisis peritoneal, lo que resalta su importancia integral en la anatomía humana y la medicina interna.

Véase también